Posteado por: akhesa en: 24 agosto, 2011
“La melodía del violín agudizó mis sentidos en medio de una noche oscura y sin luna. El aroma del viento gélido elevó el vello de mi nuca, y los sonidos ocultos del bosque despertaron mis sentidos dormidos. Las cruces celtas de un cementerio abandonado y derruido me confundían en la oscuridad.
El ruido de pasos aumentó mi angustia. El temor a lo desconocido hizo que un pequeño grito se escapara de lo más profundo de mi garganta…En un camino apartado, encontré las huellas recientes de unos pasos. Decidida a seguir mi intuición, continué andando. La hierba bajo mis pies se me antojaba helada y el bajo del camisón blanco, húmedo.
Pasado el puente, me sumergí en la profundidad de la arboleda de pinos y allí, en el medio del claro, una cabaña se alzaba majestuosa, perdida y camuflada en la naturaleza. La música del violín se alzaba llegando a su momento más álgido, como si siempre hubiera pertenecido a este sombrío paisaje. Y yo, un ser más de ese escenario etéreo, me sentí intrusa irrumpiendo en algo tan bello. La noche me envolvió con brazo fuerte y me abandoné al embrujo de su espíritu eterno.”
Akhesa